Francisco
Foto: ©2021 Catholic News Service / U.S. Conference of Catholic Bishops.
Hola Juan, qué tal? Espero que estas líneas te encuentren bien.
Hoy ha fallecido Jorge Mario Bergoglio, un sacerdote jesuita argentino que ha sido Papa de la Iglesia Católica durante 12 años. Era una persona que te tenía presente. Escogió el nombre de Francisco en homenaje a Francisco de Asís, un santo de la Iglesia católica que reconocía la presencia de Dios en todo lo creado, por lo que todo debía ser cuidado con respeto y amor.
Francisco se diplomó como técnico químico. Era un hombre bien asesorado desde un punto de vista científico. Entendía la gravedad de la crisis ambiental, la naturaleza profundamente injusta del calentamiento global y cómo afecta especialmente a los más pobres. En su encíclica Laudato Si' (2015) se apoya en el consenso científico sobre el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad, citando datos y tendencias observadas. Esta voluntad de diálogo con la ciencia se refleja también en sus destinatarios: Laudato Si' se dirige explícitamente a "cada persona que habita este planeta".
En Laudato Si', Francisco dice:
“La tierra nos precede y nos ha sido dada”.
“La tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán”
“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”.
"Para un cristiano (en este ámbito los católicos, los ortodoxos y la mayor parte de las confesiones evangélicas tienen la misma percepción), la naturaleza no es un conjunto externo que nos sirve de habitáculo (de ambiente), y menos aún un mero almacén de recursos que usamos para nuestra supervivencia. El mundo, y nosotros con él, es una Creación de Dios. Ha sido querido por El"
Ocho años después, ante la percepción de una respuesta global insuficiente, Francisco publicó Laudate Deum el 4 de octubre de 2023, fiesta de San Francisco de Asís, una exhortación apostólica que fue una continuación y actualización de Laudato Si', en la que insistió específicamente en la urgencia de la crisis climática.
En Laudate Deum, Francisco dice:
“es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas. Sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc”.
“Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos. Es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos. Por eso sabemos que cada vez que aumente la temperatura global en 0,5 grados centígrados, aumentarán también la intensidad y la frecuencia de grandes lluvias y aluviones en algunas zonas, sequías severas en otras, calores extremos en ciertas regiones y grandes nevadas en otras. Si hasta ahora podíamos tener olas de calor algunas veces al año, ¿qué pasaría con un aumento de la temperatura global de 1,5 grados centígrados, del cual estamos cerca? Esas olas de calor serán mucho más frecuentes y con mayor intensidad. Si llega a superar los 2 grados, se derretirían totalmente las capas de hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida, con enormes y gravísimas consecuencias para todos”.
“Ya no se puede dudar del origen humano —“antrópico”— del cambio climático. Veamos por qué. La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que por ese efecto provocan el calentamiento de la tierra, se mantuvo estable hasta el siglo XIX, por debajo de las 300 partes por millón en volumen. Pero a mediados de ese siglo, en coincidencia con el desarrollo industrial, comenzaron a crecer las emisiones. En los últimos cincuenta años el aumento se aceleró notablemente, como lo ha certificado el observatorio de Mauna Loa, que toma medidas diarias de dióxido de carbono desde el año 1958. Mientras escribía la Laudato si’ se alcanzó el máximo de la historia —400 partes por millón— hasta llegar en junio de 2023 a las 423 partes por millón. Más del 42% del total de las emisiones netas a partir del año 1850 se produjeron después de 1990.
“Al mismo tiempo verificamos que en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años. En este período la tendencia fue de un calentamiento de 0,15 grados centígrados por década, el doble de lo ocurrido en los últimos 150 años. Desde 1850 hasta hoy la temperatura global aumentó 1,1 grados centígrados, fenómeno que se amplifica en las áreas polares”
“No es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX. Una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia. Lamentablemente la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda”.
“Me veo obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica. Pero ya no podemos dudar de que la razón de la inusual velocidad de estos peligrosos cambios es un hecho inocultable: las enormes novedades que tienen que ver con la desbocada intervención humana sobre la naturaleza en los dos últimos siglos”.
“Algunas manifestaciones de esta crisis climática ya son irreversibles al menos por cientos de años, como el aumento de la temperatura global de los océanos, su acidificación y disminución de oxígeno. Las aguas oceánicas tienen una inercia térmica y se requieren siglos para normalizar la temperatura y la salinidad, lo cual afecta la supervivencia de muchas especies. Este es un signo entre tantos otros de que las demás criaturas de este mundo han dejado de ser compañeros de camino para convertirse en nuestras víctimas”.
Hoy, Bill Mckibben, otra persona que te tiene presente, afirma en su crónica que la Enciclica Laudato Si' es
“arguably the most important piece of writing so far this millennium” (posiblemente el texto más importante escrito hasta ahora en este milenio).
Apostaría a que en tu tiempo se considera a Francisco un profeta de la ecología, y que las cosas por las que se habla de él hoy (la profunda, visceral animadversión que su papado ha generado en sectores del clero y la Iglesia Católica) han quedado como una anécdota.
Te mando un fuerte abrazo.



